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Sobre la SGAE y la Propiedad Intelectual

El tema de la propiedad intelectual y la cultura libre es uno los más conflictivos dentro del actual entorno cultural. Los cambios en la difusión de la cultura ha provocado en gran parte esta crisis por culpa de la velocidad a la que estos cambios se producen y la dificultad que en muchos de los casos la industria tiene para asumirlos.

Hace unos meses participé en un debate en La Tuerka acerca de propiedad intelectual, SGAE y cultura libre. Acudí a ese debate como miembro de Podemos Cultura, pero mis opiniones eran absolutamente personales, ya que en el círculo estamos tratando ese tema, investigando y observando todo lo que existe para poder aportar una respuesta como iniciativa política.

Me leí para el debate a marchas forzadas el libro Por qué Marx no habló de Copyright de David García Aristegui, con el que compartía mesa en La Tuerka y al que conocía de forma indirecta. En ese libro descubrí una serie de ideas que nunca me había planteado al respecto de la propiedad intelectual y que me parecieron interesantes. Una de estas ideas fue la de que la propiedad intelectual es necesaria y que los derechos de autor tienen que existir en un mundo en el que la difusión de la cultura se ha vuelto algo masivo. Otra es la idea que el concepto de Cultura Libre, tal y como determinados sectores están expresando, es una quimera más cercana a un concepto anarcocapitalista del mundo que a una situación de remuneración real por el trabajo realizado.

En el asunto de la propiedad intelectual se ha producido durante tiempo, un enfrentamiento entre el público y los creadores provocado por determinados intereses, dichos intereses absolutamente ajenos a ambos. Una cosa que tengo clara es que la propiedad intelectual no debe ser un obstáculo para el acceso a la cultura. Pero por otro lado el creador debe ser remunerado de una forma justa por la difusión de su trabajo. La SGAE durante mucho tiempo ha sido considerado por el público general como una especie de ogro que te hacía pagar cada vez que querías escuchar una canción. Quizá por ello fue tan celebrado ese día en el que la Guardia Civil entró en el Palacio de Longoria y el edificio adyacente como Elliot Ness entraba en los Speakeasy de Al Capone. Cuando Ruperto Chapí fundó la SGAE lo hizo para defender a los creadores; que la Guardia Civil entrara en la sede no debería ser un hecho que alegrara a la ciudadanía, sí debería ser un hecho que la preocupara ¿Quién defiende a los creadores en una entidad en la que la Guardia Civil tiene que entrar a levantar las alfombras?

Como autor y socio de la SGAE desde hace 20 años me preocupa que el público piense así de ella. Una entidad a la que se le presupone un fin social no puede tener una imagen pública de monstruo devorador de dinero a costa del consumo de cultura de los ciudadanos y las ciudadanas. Una gestión nefasta, basada en intereses personales que solo buscaban un enriquecimiento rápido, la ha conducido a un punto de no retorno. A partir de ahí, solo sirve el crear un nuevo modelo que recupere la intención inicial de los fundadores.

Se acabaron los tiempos de insultar y criminalizar al público por tratar de tener un acceso fácil a la cultura, mientras que los gestores realizaban actos criminales punibles y penados por la justicia. Ha llegado el momento de adaptar la entidad a los nuevos tiempos y de pensar que no se puede vivir enfrentado a todos aquellos que van a disfrutar del material creado por los socios de la entidad.

Como bien insisto varias veces en el debate de La Tuerka, estamos en un momento de cambio, pero ese cambio no va a llegar de una forma rápida. Actualmente nos encontramos en la prehistoria de lo que será la difusión de la cultura en un futuro, puede ser lejano o puede ser muy cercano, teniendo en cuenta a la velocidad a la que se mueven las cosas. Hay fórmulas que surgen, que funcionan y prevalecen. Otras no y desaparecen. Es por ello que debemos estar atentos a todo lo que se mueve a nuestro alrededor si queremos entender lo que está pasando y huir de respuestas simples y arquetípicas que han funcionado durante años, pero que actualmente suenan a discurso fallido.

Tras el debate, Manuel Aguilar, persona que estuvo en representación de la SGAE, me comentó de forma informal que me presentara a las elecciones al consejo directivo de la entidad. Yo tengo los 5 votos permanentes necesarios para hacerlo y me lo planteé. Llegado el momento, he presentado los documentos y figuro como candidato dentro del colegio de Pequeño Derecho en Sinfónicos. No sé lo que podré aportar, pero creo que se necesita en la SGAE de ese punto de reflexión y de observación que favorecería el crear una entidad de gestión que realmente defienda a los autores de las amenazas reales, que son muchas y justamente no se encuentran en los usuarios, algunas están dentro de la propia SGAE.

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Construir

Estamos en un momento en el que las viejas formas de entender la sociedad y su desarrollo tocan a su fin. La ciudadanía debe abandonar de una vez por todas su posición cómoda como receptor de la política y dar un paso al frente para poner sobre la mesa sus propuestas y participar activamente en la sociedad. Ya no vale con dejar que otros lo hagan por tí, esos otros han demostrado que todo lo hacen en su beneficio propio. Los tiempos de colocar el voto en la urna para ver si “mamá” o “papá” te gobiernan se han acabado, ya hemos pasado a la madurez y debemos asumir nuestro rol con la responsabilidad que corresponde.

Podemos surgió gracias al compromiso de muchas personas que decidimos que podíamos tomar las riendas y dejar de ser meros espectadores. Pero Podemos no es un milagro, no nos va a salvar ni nos va a traer un mundo maravilloso en el que seamos felices para siempre. Podemos lo que trae es trabajo y de eso hay mucho. La descomposición a la que nos ha llevado el sistema en el que nos encontramos nos pone en una situación de sentar las bases de un nuevo modelo, de buscar ese botón que reinicie y renueve el sistema. Va a ser muy difícil y toda la ayuda será bien recibida.

Yo pertenezco al Círculo de Cultura, uno de los círculos sectoriales de Podemos que nace apenas unos meses con la intención de trabajar un nuevo concepto de cultura alejado completamente de los parámetros incrustados en nuestra sociedad por los poderes económicos. Nuestro punto de partida fue recuperar la cultura como derecho para la ciudadanía, en ello estamos trabajando. En estos meses han salido propuestas que se están organizando a la hora de elaborar un programa que renueve el panorama cultural. Que la cultura deje de ser un hobbie o una moneda de cambio, que todos podamos disfrutar de ella y que las personas implicadas en su labor reciban un reconocimiento que les permita vivir con dignidad. Este proceso está siendo abierto y participativo, todo aquél que ha decidido estar ahí está, aportando aquello que puede y que sabe. Profesionales de todos los campos de la cultura, aficionados y espectadores, todos son bien recibidos, la condición es trabajar para ello. Todos los que estamos comprometidos con este proceso sabemos perfectamente lo que nos implica, hay que empezar casi desde cero y tenemos que escuchar todas las voces posibles, ningún comentario puede caer en saco roto, todo es útil siempre y cuando esté enfocado de una forma constructiva.

Por eso, cuando veo artículos como éste, me demuestra que hay personas que todavía piensan que sentándose a esperar a que los demás hagan las cosas, éstas se arreglan. Personas que están esperando que llegue el gran milagro y que devore las estructuras pasadas, fallidas y corruptas y saque de la nada un nuevo proyecto ilusionante. Para mí el proyecto ilusionante es pensar que estoy aportando algo a esta iniciativa y que lo estoy construyendo con un grupo de personas que comparten conmigo esa ilusión.

La persona que ha escrito este artículo no se da cuenta que las ideas y los programas no salen de la nada, que Podemos surgió hace menos de un año y ya se le está exigiendo como al resto de los partidos. Nadie previó su éxito y eso ha supuesto un trabajo más duro, pero que no dude el autor del artículo que ese trabajo se está haciendo. No se puede utilizar para hacer una crítica la parte de cultura del programa para el Parlamento Europeo (dándolo como el programa del partido), ya que fue un programa de mínimos realizado para ese momento concreto. Las ideas sobre cultura de Podemos están en una fase de debate y consenso, en un proceso de consolidación. El autor del blog cita varios artículos online como fuente de sus comentarios y justo no cita esta entrevista que hice yo y que, si la lee, a lo mejor le queda más claro el concepto de cultura sobre el que se está trabajando (no nos olvidemos, estamos en un proceso, lo definitivo se sabrá en el momento que corresponda, que va a ser breve). Tampoco se refiere a los streaming y actas publicadas y disponibles en el Facebook del Círculo, demostración de nuestra total transparencia en todo lo que hacemos.

Nuestra puerta está abierta a todo el mundo que quiera participar con la única condición de que venga a construir un proyecto. Yo invito a esta persona que ha escrito este artículo que lo haga, que se acerque, necesitamos mucha gente en el proceso de trabajo. Lo que no necesitamos son críticas que traten de destruir. Que nos estamos equivocando, pues ven y dilo, cuéntanos tu visión y aportanos tu idea. Podemos no es el milagro, no es la solución, ni es la panacea, es lo que nosotros queramos construir y hay que estar dispuesto a comprometerse con ello.

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¿Es la economia una ciencia? (yo me pregunto)

Varias veces he comentado por redes sociales que la economía no es ciencia, lo que ha supuesto una reacción de sorpresa por parte de muchas personas, entre ellas grandes amigos y a los que admiro por su conocimiento de economía. Y es que en el fondo mi aseveración está basada en un malentendido que pretendo resolver con una explicación que creo que los expertos en economía merecen.

La última vez que dije que la economía no es ciencia fue al subir a mis redes sociales un artículo publicado por el diario El País criticando el programa económico de Podemos. Este señor llamado Antonio Roldán y que se nos presenta como doctorando en la London School of Economics analiza el programa de Podemos basándose en una crítica desde lo que podría ser una izquierda que él llama “responsable”. Para ello utiliza falacias como decir que Podemos dice en su programa económico que hay que dejar de pagar la deuda pública, detalle que no está en el programa (sí está el auditar la deuda, nunca dejar de pagarla). O utiliza algunos argumentos del programa totalmente razonables como hacer del BCE una banca pública o prohibir los despidos a empresas con beneficios para asignarle unas consecuencias cargadas de términos complejos y acabar con un tono asustaviejas que recuerda a los frailes que a finales del 999 predicaban acerca del fin del mundo en el año 1000. Parece ser que el doctorando en una prestigiosa escuela de economía de Londres le puede dar cierta respetabilidad, pero las mentiras y las falacias para meter miedo a la ciudadanía da igual si las dicen los frailes medievales o los economistas, convertidos estos últimos en la versión contemporánea de los primeros.

A mí me gusta la economía, me interesa, he leído varios libros y sigo páginas que dan información económica. Gracias a todo ello he descubierto que existen dos formas de plantear la economía. Una es la sencilla, en la que entiendes todo y que está explicada cláramente. Otra es la que se complica dentro de un discurso plagado de términos difíciles de comprender y que siempre termina diciendo que eso provoca la inflación y la inflación es mala (como es el caso del artículo citado previamente).

Cuando leo artículos de este tipo me recuerda a ese momento del documental de Michael Moore Capitalismo, una historia de amor, en el que el director dedica un espacio a preguntar a diferentes autoridades de la economía que es un derivado. Todos se traban la lengua al intentar definirlo y necesitan varios intentos para hacerlo. Al final, solamente uno de ellos lo consigue. Hay que tener en cuenta que los productos derivados fueron la moda antes de la crisis y uno de los factores causantes de ella y, por lo que nos muestra Michael Moore en su documental, muchos de aquellos que los manejaban no sabían realmente en qué consistían. Todos estos conceptos tan complejos han llevado a que estos grandes economistas traten a la población como pobres mortales que no han nacido con la capacidad de conocimiento como para comprender el difícil mundo de la economía, porque tiene tanta complejidad como las probabilidades de que salgan determinadas cifras o cartas en los tableros de juego de un casino.

Porque en gran parte son estos economistas, aquellos que manejan material peligroso y contaminante sin guantes ni protección alguna en medio de la calle, los que nos han metido en la crisis y los que nos quieren seguir convenciendo de que la única forma de salir de ella es haciendo lo mismo que se hizo para llegar. Es como querer curar a un enfermo inyectándole el virus que le llevó al borde de la muerte. Un médico que se le mueren los pacientes en el quirófano por incompetencia será retirado de su puesto y se daría por finalizada su carrera; por otro lado, a los economistas del derivado se les premia con posiciones más preeminentes en el mundo económico y mayor capacidad de decisión y dominio sobre las arcas públicas de los países para seguir alimentando ese pozo sin fondo que son los mercados financieros, y que como dice nuestro ministro de hacienda “no son gilipollas”.

Yo no soy economista, pero me gusta leer y escuchar a economistas que hablan claro y que aportan soluciones plausibles. Aquellos que lo enturbian todo con conceptos complejos me parecen igual que los trileros que se ponen encima de una caja de cartón a intentar distraer a aquellos infelices que entran en su juego, por mucho doctorado en Londres que estén cursando. Para aquel que disienta con mis argumentos, le recomiendo que vea el documental Master of the Universe, en el que un exbanquero llamado Rainer Voss nos cuenta desde las ruinas de su antiguo banco cómo funcionaba su mundo y como funciona ahora, explica en un lenguaje muy claro y comprensible por todo el mundo lo que hay detrás de todos los conceptos tan complejos que convierten la economía en un agudo sálvese quien pueda.

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Caridad

No somos conscientes de la gran noticia que recibimos la semana pasada al cancelarse de lo que podría decirse uno de los formatos televisivos más lamentables de la televisión actual. Me estoy refiriendo al programa Entre Todos. Ya en su momento, cuando se empezó a emitir, lo comparaban con un programa mítico de la radio de la España del desarrollismo franquista llamado Ustedes son formidables, más basado éste en la financiación colectiva de proyectos y con una estructura más encuadrada en el servicio público, espíritu que por obra y gracia de nuestros representantes políticos se ha perdido en nuestra televisión, la que pagamos con los impuestos.

La televisión pública como tal en este país de la piel de toro, se ha convertido en una quimera que no sabemos si en algún momento de nuestra vida podremos llegar a recuperar. Parece mentira que hasta en eso tengamos que añorar tiempos mejores de una dictadura, ya que nuestra querida democracia ha convertido los medios públicos en altavoces de los partidos que gobiernan, ya sea en el Estado como en sus comunidades autónomas. El resultado, la ruina de todos ellos y la falta de interés del público en ver una programación creada únicamente para la propaganda más burda, censurando cualquier contenido crítico que se pueda producir en su seno.

Vuelvo al programa de televisión del que estaba hablando. El economista José Carlos Díaz definía a la perfección en uno de sus artículos el concepto que el gobierno actual del Partido Popular tiene de pobreza y desigualdad social resumido en la siguiente cita: “La visión de Rajoy de la pobreza es la de Galdós en Miau. Considera que es algo que van a arreglar la beneficiencia y las ONG”. Esa sería la base del programa Entre Todos, un ejercicio de caridad para que el estado se pueda liberar de la responsabilidad que tiene en solucionar los dramas que produce el desigual reparto de la riqueza al que nos ha llevado esta mal llamada crisis, y que no es más que un robo de derechos por parte de las oligarquías insatisfechas con sus beneficios.

De esta forma, apelando a una absurda solidaridad y por medio de muestras de lacrimógenas situaciones se intentaba conmover a los ciudadanos para que nos ayudemos los unos a los otros como buenos hermanos. Todo muy integrado dentro de un espectáculo entre la caspa televisiva y las huchas del Dómund con forma de cabecitas de niños de diferentes razas.

A pesar de todo, el programa nos brindó momentos brillantes gracias a una parte de la ciudadanía responsable que quiso demostrar lo vergonzoso de este ejercicio televisivo, como el joven trabajador social que recriminó a la presentadora el uso sensacionalista que se hacía del drama de la gente que participaba en el programa, cuando el primer paso que deberían dar sería el ir a los trabajadores sociales antes de hacer espectáculo de sus problemas. O aquél otro joven que invitó a la presentadora a utilizar parte de su sobredimensionado sueldo presentando el programa, para ser solidaria con los participantes. Por supuesto, la señorita presentadora fue incapaz de responder algo coherente a ambas propuestas.

Un amigo, trabajador de TVE en el momento del inicio de emisión del programa, me recriminaba el otro día mis comentarios negativos aludiendo a la cantidad de familias que habían sido ayudadas por el programa Entre Todos. Yo en ningún caso niego el hecho, pero tras leer un artículo en el que una persona participante describe el trato dado por la productora, y en el que se indica que la persona a la que supuestamente se ayudaba se le dieron los teléfonos de las personas que habían contactado para que llamara desde su propio móvil, con el gasto económico que eso iba a conllevar a una persona con pocos recursos económicos, saco al respecto mis propias conclusiones.

Parece ser que últimamente se está recuperando con mucha frecuencia la figura de Guy Debord dentro de la esfera de acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad. ¿Será a lo mejor porque después de unos cuantos años nos hemos dado cuenta de que La sociedad del espectáculo se hace realidad cada día? Todo lo que nos rodea se ha convertido en un espectáculo vacío de contenido que solamente sirve para llenar los bolsillos de unos cuantos. La señorita presentadora de este programa recibe un sueldo muy por encima de cualquier sueldo medio nacional, es lo que le corresponde por su trabajo, no se lo niego, pero recordemos que ese dinero lo está cobrando por convertir los dramas humanos en espectáculo. Lo mismo si hablamos de los beneficios que la productura que hace el programa (Proamagna, de la que es dueño un ex-directivo de TVE y de Canal Sur, y que cuyo único programa en producción es Entre Todos). Espectáculo vacío de contenido disfrazado de solidaridad que no pasa de ser la caridad tradicional de la limosnita a la salida de misa.

Personas que extraen beneficios de los dramas humanos, mientras que los trabajadores sociales de este país siguen sin recibir un salario digno y siguen siendo considerados de segunda categoría. En un país en el que se recortan leyes de dependencia y se retiran recursos porque las grandes fortunas tributan en SICAV o tienen su dinero en cuentas en paraísos fiscales. Por eso tenemos que estar agradecidos a los productores de este programa por convertirse en ese cura que critica a sus feligreses desde el púlpito lo poco solidarios que son porque hay muchos niños pobres en el mundo. Y mientras sigan existiendo programas de este tipo habrá más, porque si no, no ganarían dinero sus presentadores y productores.

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Cinco escaños

Las encuestas más optimistas hablaban de 3, yo dije en una entrevista en la radio que ese resultado sería literalmente “para dar palmas con las orejas”, así que ya puedo ir aprendiendo a hacerlo, o si no deshechar definitivamente el uso de dichos castellanos.

Se habla de personajes mediáticos, cuando se olvida una campaña que ha sido la forma real de conseguir despertar a la ciudadanía. Han sido semanas de creatividad, en la que hemos trabajado intensamente la mejor forma de llegar a la gente de la calle sin dinero ni discursos vacíos. Semanas de actos y acciones cargados de diversión, de ambiente lúdico y discurso constructivo. Porque queremos cambiar la situación terrible de nuestra sociedad y para ello hay que construir, construir una ilusión que no es nueva, que está en cada una de las personas que formamos los Círculos y que hemos sabido transmitirle a la gente.

Al final, mucha gente volvió a votar con ilusión, como decía nuestro lema de campaña. Este hecho significa una inmensa alegría, pero, por otro lado, abre una puerta muy grande que ya no se puede cerrar. Ahora empieza el verdadero trabajo, que en gran parte consiste en mantener la ilusión de todos aquellos que nos han votado, que han votado a una lista de gente como ellos con muchas ganas de trabajar para cambiar las cosas.

Ahora comienza un nuevo trayecto. Hemos demostrado que podemos entrar en las instituciones y hablarles cara a cara a aquellos que viven en su Elysium particular. Hemos demostrado que podemos reunir las suficientes fuerzas para demostrarles que deben tenernos en cuenta al tomar sus decisiones, por eso también queremos tomarlas y dar la espalda a todos aquellos que nos gobiernan sin que nadie les haya votado.

Pero también comienza un trayecto de trabajo. Hay que continuar la labor iniciada en los barrios, en los pueblos, en las ciudades. Hay que continuar la colaboración con los movimientos sociales y las iniciativas ciudadanas, hay que investigar qué es lo que pasa y qué se puede cambiar. Porque tenemos que seguir creyendo en nuestro poder y en nuestra fuerza para que todos aquellos que nos votaron mantengan la ilusión. La ilusión en votarnos en las próximas elecciones o simplemente la ilusión de comprobar que existen personas que piensan que podriamos vivir en un mundo más justo y que trabaja por ello

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Coloquio de candidatos al Parlamento Europeo con los alumnos de la Uem

El 6 de mayo, con mi candidatura casi estrenada, recibí la petición de José María Peredo, director del departamento de Periodismo y Lenguas de la facultad de Artes y Comunicación de la Universidad Europea de Madrid, a la que yo también pertenezco, para participar en un coloquio con otros candidatos al Parlamento Europeo por otras iniciativas políticas y con los alumnos. Como se ve en el comentario que realiza la profesora Alana Moceri, que dirigió el coloquio, me subí al escenario sin preparación ninguna, ya que el tema surgió de forma espontánea y, en parte, a causa de la ausencia de la candidata de Izquierda Unida por razones personales.

Tras ver el vídeo no se me nota mucho el estado de nervios en el que estaba, era la primera vez que me ponía a la misma altura que candidatos de otras opciones políticas y, sobre todo, delante de unos alumnos que hicieron unas preguntas muy interesantes y que dieron mucho juego en el desarrollo de la actividad.

El coloquio está en youtube en 4 partes

Al final no fue para tanto, gracias a Chema, a Alana, a los candidatos que compartieron coloquio conmigo, a los compañeros que asistieron (que alguno se quedó muy sorprendido) y a los alumnos, por supuesto, que hicieron que la actividad resultara muy amena. Un placer representar a la iniciativa Podemos en la casa en la que trabajo todos los días y delante de muchos alumnos que me han escuchado antes hablar de muchas cosas pero nunca de lo que dije ese día.

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