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Algo sobre el nuevo sindicalismo

Cuando eres niño y piensas en dedicarte a esto de la música te vienen muchas imágenes a la cabeza y todas resultan buenas. Son sueños que te transportan a lugares imaginados en los que ser músico es lo mejor que podría pasarte. Debo que reconocer que ser músico es lo mejor que me ha podido pasar, es lo que me ha dado las mayores alegrías, pero también me ha mostrado lo duro que es llegar a este este punto. Ser músico es duro, no porque la música sea una actividad difícil, sino porque el universo en el que nos movemos las y los músicos es una especie de jungla en la que nos hacemos muy pequeños, tanto que las ramas de esta jungla cierran nuestro camino y nos cuesta muchísimo esfuerzo levantarlas para avanzar.

Hemos sido testigos, desde tiempos ya no tan recientes, de una progresiva precarización de los trabajadores del mundo del arte y de la cultura. La crisis ha sido la excusa perfecta para reducir sueldos y que se dedique mucho menos dinero a la cultura, por lo menos a fomentar la diversidad cultural. Esto ha provocado que la clase media cultural se haya convertido en clase baja, precarizada, olvidada, obligada a dedicarse a otras mil cosas si quiere sobrevivir.

En un entorno en el que la desregulación nos ha conducido a esta jungla que antes comentaba, en la que nos hacemos pequeños, necesitamos fuerzas, necesitamos unión y compromiso para defendernos. Necesitamos mirar a un lado y a otro para descubrir que no estamos solos, por mucho que nos insistan en ello. No somos emprendedores, somos trabajadores que luchamos por nuestros sueños, esos que tuvimos en nuestra infancia y que nos condujo a tomar esa opción de vida. Esos que hemos desarrollado por medio de trabajo duro y de paciencia, aunque a mucha gente le parezca que los artistas trabajamos sin esfuerzo.

Recientemente he participado en dos debates radiofónicos en representación de la Unión Estatal de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Primero en el gran programa de Agora Sol Radio Barrio Canino, que dedicó un especial a nuevo sindicalismo, de ese que surge con los nuevos tiempos. Ahí tuve la posibilidad de definirme como un currante y un auténtico mindundi, que luchar por mis derechos ni me hace un héroe ni me hace especial, simplemente defiendo aquello que es justo y que beneficia a todas las personas que estamos en esto de la música y de la cultura.

http://barriocanino.blogspot.com.es/2017/01/barrio-canino-vol201-lucha-de-clases-y.html

Por otro lado estuve también con el compañero David García Aristegui en el programa de Radio 3 El Canto del grillo. Ahí tuvimos un divertido debate en el que se trataron muchos temas sobre la música y el entorno, de la necesidad de los músicos en este espacio en el que son casi ausentes para así evitar cualquier exceso, ya sea por parte de los empresarios o por parte de las administraciones

http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-canto-del-grillo/canto-del-grillo-voz-alta-viven-musicos/3924517/

Trabajadoras, trabajadores de este mundo del arte y la cultura, mirad alrededor que somos muchos, que si queremos que el entorno de la cultura mejore tenemos que asumir nuestro papel y pelear. Pelear por conseguir estar en los espacios de decisión, defender nuestro espacio y mantener nuestra dignidad de obreras y obreros, que es lo que somos. La clase obrera de la cultura.

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SGAE, tres problemas, tres soluciones

Tiempo hace que el entorno de la música debería encontrarse convulso (y no lo está) por el caso del cantante Pablo Und Destruktion y su contencioso que implica a la cadena de televisión Antena 3 y su empresa gestora A3Media y a la Sociedad General de Autores y Editores, SGAE. Usar una canción de Pablo para una promoción de una serie de la cadena sin pedir permiso a éste fue el desencadenante de una contienda que saca a la luz la indefensión de los autores de música y la falta de apoyo por parte de la SGAE. La cadena se escuda en que gracias al canon que anualmente ingresa a la entidad, tiene derecho para utilizar todo su repertorio sin tener que pedir permiso. Curiosamente, esa canción de Pablo no está en el repertorio SGAE por lo que no se puede escudar en ese argumento. Y nos lleva a una cuestión que yo ya señalé en su momento; la forma de pago a bulto de las televisiones hacen a la SGAE (sin repertorios identificados) y que provoca que haya muchas canciones que al no estar en el repertorio, SGAE ingresa en sus arcas. Eso es lo que conforma el famoso pendiente de identificar, aquel que en una entrada anterior de este blog yo comparaba de forma metafórica con aquel pendiente que perdió Lola Flores una noche actuando para la televisión en la sala Florida Park. Realmente, ese pendiente de identificar es un dinero que la SGAE ingresa de una forma injusta, ya que pertenece a los autores. Sobre todo teniendo en cuenta que las televisiones utilizan una dinámica de “donde pago cago” a la hora de utilizar el repertorio, y si no está en dicho repertorio; “pues haberlo registrado en la SGAE”. Encima el problema es tuyo.

La SGAE es una entidad de gestión colectiva que gestiona los derechos de los músicos, los económicos ¿Qué pasa con los demás derechos?

Por lo tanto, como autor, compositor de música y miembro de la SGAE con número de socio 48823 me adhiero a este manifiesto:

Tres propuestas para la mejora del funcionamiento de SGAE:

1) El conflicto entre el artista Pablo Und Destruktion y Atresmedia/SGAE ha puesto de manifiesto un grave conflicto entre la voluntad de las autoras/es y la gestión de SGAE: al firmar el contrato de gestión se obliga a delegar la gestión de la TOTALIDAD de su repertorio a la entidad.

Si bien SGAE permite dejar fuera del acuerdo ciertos territorios y categorías de derechos en determinadas condiciones, el/la autor/a no puede optar por dejar fuera de SGAE la gestión de ciertas obras, asunto que choca frontalmente con el Art. 153 de la LPI: “La gestión de los derechos será encomendada por sus titulares a la entidad de gestión mediante contrato cuya duración no podrá ser superior a tres años renovables por períodos de un año, ni podrá imponer como obligatoria la gestión de todas las modalidades de explotación ni la de la totalidad de la obra o producción futura. Ello sin perjuicio de los derechos contemplados en la presente ley cuya gestión deba ejercerse exclusivamente a través de las entidades de gestión.”

Muchas personas, por diversos motivos, no declaran todas sus obras en SGAE, por lo que en esta situación, de manera normalmente inconsciente, se incurre en un incumplimiento de contrato.

Proponemos una solución sencilla, realista y próxima a este problema: que la gestión de las obras por parte de SGAE la decida la persona que la crea, como ya sucede en otras entidades como VEGAP, CEDRO y DAMA. Si es posible la gestión por obra en artes gráficas, literatura o audiovisuales, es posible también en la música.

2) Otra carencia histórica en SGAE es que no es posible elegir el tipo de licencias bajo las que quieren difundir su obra. Entidades de gestión como BUMA/STEMRA (Holanda), KODA (Dinamarca), STIM (Suecia) y SACEM (Francia) ya han impulsado programas piloto para que las y los creadores puedan usar licencias Creative Commons.

Proponemos un programa piloto similar en el que SGAE permita el la gestión de obras bajo licencias Creative Commons.

3) El conflicto de Pablo Und Destruktion con Atresmedia/SGAE también ha manifestado que no están claros los acuerdos de SGAE con las televisiones.

Por ejemplo, cuando una cadena utiliza una canción para realizar una promoción de sus contenidos, SGAE unilateralmente decide que esa pieza audiovisual no se trata de un anuncio publicitario, sino de una simple autopromoción en la que no se requiere la autorización del autor/a para obtener el derecho de sincronización. Además se vulneran los derechos morales de las y los creadores, puesto que no se respeta la integridad de la obra en estos anuncios.

Proponemos que se hagan públicos todos los acuerdos que existan de este tipo, para que puedan ser debatidos y, en su caso, modificados. Pensamos que la persona que compone siempre debe poder decidir si su canción va usarse para publicitar algo en un entorno fuertemente mercantilizado y comercial como es una televisión. Los derechos morales deben prevalecer por encima de cualquier acuerdo entre SGAE y las televisiones y entidades de radiodifusión.

Las personas que se quieran adherir a este comunicado por favor que escriban aunion.musicos@gmail.com con su nombre o nombre artístico, además del número de socia/o de SGAE para las personas que estén asociadas. Si os haceis eco en redes sociales de esta campaña por favor utilizad #poruncambioensgae ¡¡¡gracias!!!

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La basura que se mete debajo de la alfombra

Parece ser que la Unión Europea ha puesto sentido común a los políticos del gobierno de la piel de toro al anular la forma de cobro del canon digital presente en la última ley de Propiedad Intelectual. Para aquél que no sepa de qué estoy hablando, Bruselas ha sacado los colores (otra vez) a nuestro querido gobierno del Partido Popular por realizar otra maniobra más para meter la basura debajo de la alfombra. Menos mal que viene alguien de vez en cuando a levantarla (ojalá lo hicieran también con otras cosas).

El Canon digital es la actualización del famoso canon por Copia Privada, que es el que en los 80 pagábamos por las cassetes y que a principios del actual siglo nos recordaban en las tiendas de material informático, cuando nos sorprendíamos del precio que tenía aquel disco duro, que pagábamos a la SGAE. Es decir, es un canon que se paga por los soportes como compensación por lo que grabábamos en ellos de música y películas que teníamos para prestárselo a los amigos o que los amigos nos pasaban a nosotros. Eso te permitía hacerlo sin que tuvieses que pasarte las noches en vela pensando que iban a llamar a la puerta de tu casa para detenerte por pirata. Cuando los de las tiendas de material informático te decían aquello de que el disco duro era más caro por culpa de la SGAE la gente montaba en cólera y se cagaba en ella convirtiéndola en el muñeco de pim pam pum del momento. Y claro, entonces el canon se convirtió en un problema más del enfrentamiento entre ciudadanos y creadores, con la industria por medio.

Y llegó el PP y dijo, venga, para quitarnos el problema hacemos depender este canon digital de los Presupuestos Generales del Estado, y así la gente no protesta. Y por arte de magia la gente dejó de protestar. Los discos duros costaban igual de caros (o más), pero ya no era por culpa de la SGAE. La gente pagaba el canon con los impuestos, incluso aquella viejecita que jamás pensó en comprarse un disco duro en su vida y menos digitalizar en ellos sus vinilos. Todo muy justo, y muy de política del PP; escondes las cosas y así ya no se ven. ¿Alguien protestó? ¿alguien protesta? No ¿Por qué cuando te lo cobraban con el disco duro sí?

Hay que tener en cuenta que el concepto de copia privada es algo obsoleto, por eso pasó a llamársele canon digital. La gente ya no copia cintas cassete, ni CDs y actualmente, ni siquiera ya la gente compra discos duros para consumir cultura, el streaming es la herramienta más habitual ya sea por plataformas de pago, gratuitas o utilizando youtube, los contenidos se guardan en nubes, entonces ¿para qué pagar el canon digital? Y en caso que la respuesta a esta pregunta sea afirmativa ¿Quién tendría que pagarlo?

Estamos en un tiempo en el que a lo mejor no es el que compra un disco duro el que debería de pagar el canon digital, a lo mejor habría que revisar quién debería compensar a los autores por los usos digitales de su repertorio en un momento como este. Los grandes entramados de internet como Google o Facebook ganan cantidades ingentes de dinero y distribuyen y almacenan masivamente contenidos culturales sin aportar un solo euro a los autores. Podrían dedicar sólo un poquito de eso que ganan en remunerar a los creadores ¿no? Una mínima parte de todos los millones que facturan anualmente. En Cataluña se está aplicando un canon a las telefónicas, algo completamente coherente teniendo en cuenta que dan internet de alta velocidad a la gente y muchas de ellas disponen de televisiones digitales. Como idea es buenísima, pero hay que procurar que estas compañías, que también ganan unas cantidades ingentes de dinero, no pusieran en los recibos una nota al pie que dijese “te hemos subido la cuota para pagar a la SGAE que, por cierto, son muy malos”.

En fin, que vuelvo a insistir en que la Propiedad Intelectual es cosa de todos y que entre todos nos tenemos que poner de acuerdo; pero se le podría pedir a este último gobierno un poquito de responsabilidad con el tema, y un poquito de voluntad política para arreglar las cosas. Que meter la basura debajo de la alfombra hace que no se vea, pero al final acaba oliendo.

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La maldición de la E

Nunca una letra ha podido ser tan significativa dentro de unas siglas. Nunca una única letra ha podido cambiar tanto la estructura de una entidad. Cuando Ruperto Chapí creó la SGAE esa E significaba España. Creó una sociedad que defendiese los derechos de los autores del país que respondía por esa inicial, porque aquellos necesitaban defensa y ayuda.

Entonces llegaron aquellos otros que pensaban que los que más facturaban deberían tener mayor capacidad de decisión (aquellos que acabaron detenidos, procesados y condenados), y dijeron que por qué la letra E debería representar a España. Ellos eran muy de izquierdas, y los nacionalismos nunca son sanos. En un mundo moderno y globalizado los países no importan, lo que importan son las empresas, que son las que dan trabajo (y lo quitan cuando les apetece) y dan riqueza (con domicilios fiscales en paraísos, de esos en los que no hay manzanas ni serpientes).

Un editor no es malo que exista, de hecho, es una figura necesaria. Es una ayuda y un apoyo al creador. Le ayuda a difundir sus trabajos y a gestionar los movimientos que dicha difusión genere. El creador no tiene por qué entender de todo esto, ya bastante tiene con su labor. Por eso necesita de una mano derecha, una muleta en la que apoyarse y que comprenda el complejo mundo de la difusión y distribución de la cultura. Por lo tanto, los editores son buenos, siempre y cuando hagan su trabajo de forma digna ayudando al autor (digo esto por si luego se malinterpreta lo que viene a continuación).

Cuando los editores utilizan su situación de privilegio en el mundo de la industria para aprovecharse de los autores es cuando comienza el conflicto. Y cuando determinadas empresas privadas aprovechan la gestión de la propiedad intelectual para ganar dinero fácil creando editoriales no es que comience el conflicto, es que es una estafa.

Ruperto Chapí no fue consciente nunca de la cantidad de dinero que se podía generar por medio de la difusión de la cultura, el pobre hombre apenas conoció la grabación en disco, como para pensar en la difusión masiva de contenidos culturales por internet. De hecho, Chapí creó la SGAE (Sociedad General de Autores de España) para defender a los autores de los usos abusivos de los editores de música, así como los primeros intentos de sociedades de autores se hicieron por la misma razón.

Entonces ¿por qué abrir la puerta a los editores para entrar en la sociedad?

Desde que la Sociedad General de Autores de España pasa a ser la Sociedad General de Autores y Editores (el cambio de la E), los abusos sobre los autores ejercidos por los señores de la nueva E han sido y siguen siendo innumerables. Las firmas de contratos por medio de discográficas multinacionales (miembros de la SGAE) en la que la editorial se puede llevar desde el 50% en adelante de los derechos del autor por la función de edición, suelen ser muy habituales. Incluso en algunos casos pueden llegar a dejarle al autor el 20% o menos de sus derechos, aquellos que le corresponden, según ley, por la creación (luego se habla de descargas y piratería). ¿Acaso los editores cumplen su función? en la mayor parte de los casos no. Muchos de estos creadores que han firmado estos contratos se han encontrado que a la hora de defender sus derechos, estas editoriales estaban más ocupadas con otros artistas que les pueden proporcionar más dinero, y se han quedado presos de estos contratos sin poder hacer nada, ya que adquirieron unos compromisos con la Editorial. Luego, claro, viendo la democracia que hay en la entidad, puede imaginarse el lector la cantidad de votos de que disponen estos editores. El problema es que si quieres sacar un disco con determinadas discográficas debes firmar esos contratos (o entrar en el universo de la autoedición y el Copyleft que tanto critican luego los señores representantes de estas compañías y sus afines).

Luego entramos en las otras empresas, esas que no son Editoras y que quieren dinero fácil y rápido. Empresas que gestionan espacios de publicidad en televisiones y que crean editoriales para poder entrar en ese negocio tan lucrativo de los derechos de autor (sobre todo si vienen de emisiones en horario nocturno). O los propios medios de comunicación, que vieron que si creaban una editorial y hacían firmar a todos los creadores que trabajaban para ellos un contrato cediéndoles parte de sus derechos (50% para adelante, y si no firmas, no trabajas), al final del canon que pagan anualmente a la SGAE les volvía una parte importante (es el problema de cobrar por canon, pero eso es tema para otra entrada de este blog). Triquiñuelas con la ley de Propiedad Intelectual y los estatutos de la SGAE para hacer un fraude en el que el autor vuelve a ser el perjudicado.

Ay, Ruperto Chapí, si tu supieras que aquello para lo que creaste la SGAE, defender a los autores de los abusos de los editores, se ha convertido en día a día de la entidad. Pero claro, entonces la E era de España. Nadie había abierto la puerta de la SGAE para que los zorros, no es que cuidaran a las gallinas, es que se las iban a devorar hasta no dejar ni los huesos. Por lo tanto, cambiar la E de España por la E de Editores, ha sido abrirle la puerta al horror de la ambición y la avaricia, la peor cara del concepto empresarial de este país.

Y al creador ¿qué? ¿quién le defiende?

PS: Hay un sector de personas que se presentan a al consejo directivo SGAE que defienden lo mismo que yo en esta entrada, y que también defienden a La Rueda de las televisiones. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado con estos temas a la hora de ver los argumentos de la gente a la que se vota.

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Sobre ruedas, brujas y democracia

No creo que me haga falta explicar en qué consisten los escándalos de La rueda de las televisiones, así como el tema llamado de Las Brujas, se han escrito ríos de tinta, tanto físicos como virtuales acerca del tema (qué socorrido es el blog de David Aristegui sobre el tema, agradecidísimo a él por ello). Ambos asuntos me conducen a reflexionar acerca de la calidad democrática de una organización e incluso de un país.

A alguien en algún momento de la historia de la SGAE le debió parecer muy bien que la representación en las decisiones debería de depender del volumen de facturación dentro de la entidad de los socios; a más facturación mayor número de votos. Esto, que sería el sueño húmedo de cualquier empresario neoliberal (de estos que la mayor parte de su beneficio viene de subvenciones y de concesiones públicas), no parece la forma más justa para una entidad sin ánimo de lucro por un lado, y que trabaja por la defensa de los creadores por otro. No creo que haga falta recordar que los inventores de este sistema han sido detenidos y se encuentran en estos momentos procesados.

Es decir, en estos momentos, una entidad de gestión de derechos y de protección a la creación se encuentra en un estado de dictadura de los que más facturan. Aquellos que controlan los medios para que sus creaciones sean las que más se emitan, aquellos que copan el mercado evitando la entrada de cualquier pequeño creador que ose introducir su nariz en ese sistema creado a su mejor forma de obtención de beneficios. Esos que luego llaman piratas a los usuarios y se indignan porque descargan por redes P2P, ¿no es también un acto reprobable la forma en la que copan los mercados de la creación?

Entonces aparece un grupo que por medio de un fraude y aprovechándose de un defecto de forma en los estatutos de la entidad ganan una cantidad sobredimensionada de dinero poniendo sobre la mesa las vergüenzas de la gestión. Y al facturar tanto tienen más votos, por lo tanto la capacidad de bloquear cualquier intento de cambiar ese error en los estatutos que les proporciona esos altos emolumentos. Ese momento absolutamente Kafkiano se vivió en la última asamblea en la que estuve presente, cuando cada bloqueo de decisión se acompañaba por vítores por parte de los causantes. Es sorprendente asistir a un espectáculo en el que gente que ha facturado dinero de esa forma sube al estrado a verter acusaciones sobre la directiva de la SGAE y victimizándose. Hay que tener en cuenta que el reparto de los derechos es como el reparto de la riqueza, cuando alguien recibe una suma desorbitada de dinero es porque otras personas están dejando de recibirlas, así de simple.

Cualquier socio debería tener la misma capacidad de decisión que cualquier otro dentro de una entidad basada en la defensa del trabajo que estos ejercen, la creación. No puede haber clases sociales en una profesión que se ha ido precarizando con el tiempo y en la que la igualdad de oportunidades es una quimera, al igual que lo es en nuestro día a día. Si queremos que las cosas sean de otra manera, todos los creadores debemos de luchar y defender nuestro trabajo de forma colectiva, los individualismos conducen a la avaricia ¿Para qué queremos la SGAE entonces si cada uno va a hacer la guerra por su cuenta (Gracias Enrique Mateu)?

En el fondo de todo se encuentra el problema de siempre, la ambición humana y el sistema basado en la misma y llamado capitalismo. Eres según lo que ganes, aunque aquello que ganes lo hagas de forma ilegal. Y cuanto más ganes mayores posibilidades de influir en las decisiones tendrás. En el mundo real se llaman multinacionales, en la SGAE,.. también (en parte), aunque eso es algo de lo que me gustaría hablar en otro momento

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Sobre la SGAE y la Propiedad Intelectual

El tema de la propiedad intelectual y la cultura libre es uno los más conflictivos dentro del actual entorno cultural. Los cambios en la difusión de la cultura ha provocado en gran parte esta crisis por culpa de la velocidad a la que estos cambios se producen y la dificultad que en muchos de los casos la industria tiene para asumirlos.

Hace unos meses participé en un debate en La Tuerka acerca de propiedad intelectual, SGAE y cultura libre. Acudí a ese debate como miembro de Podemos Cultura, pero mis opiniones eran absolutamente personales, ya que en el círculo estamos tratando ese tema, investigando y observando todo lo que existe para poder aportar una respuesta como iniciativa política.

Me leí para el debate a marchas forzadas el libro Por qué Marx no habló de Copyright de David García Aristegui, con el que compartía mesa en La Tuerka y al que conocía de forma indirecta. En ese libro descubrí una serie de ideas que nunca me había planteado al respecto de la propiedad intelectual y que me parecieron interesantes. Una de estas ideas fue la de que la propiedad intelectual es necesaria y que los derechos de autor tienen que existir en un mundo en el que la difusión de la cultura se ha vuelto algo masivo. Otra es la idea que el concepto de Cultura Libre, tal y como determinados sectores están expresando, es una quimera más cercana a un concepto anarcocapitalista del mundo que a una situación de remuneración real por el trabajo realizado.

En el asunto de la propiedad intelectual se ha producido durante tiempo, un enfrentamiento entre el público y los creadores provocado por determinados intereses, dichos intereses absolutamente ajenos a ambos. Una cosa que tengo clara es que la propiedad intelectual no debe ser un obstáculo para el acceso a la cultura. Pero por otro lado el creador debe ser remunerado de una forma justa por la difusión de su trabajo. La SGAE durante mucho tiempo ha sido considerado por el público general como una especie de ogro que te hacía pagar cada vez que querías escuchar una canción. Quizá por ello fue tan celebrado ese día en el que la Guardia Civil entró en el Palacio de Longoria y el edificio adyacente como Elliot Ness entraba en los Speakeasy de Al Capone. Cuando Ruperto Chapí fundó la SGAE lo hizo para defender a los creadores; que la Guardia Civil entrara en la sede no debería ser un hecho que alegrara a la ciudadanía, sí debería ser un hecho que la preocupara ¿Quién defiende a los creadores en una entidad en la que la Guardia Civil tiene que entrar a levantar las alfombras?

Como autor y socio de la SGAE desde hace 20 años me preocupa que el público piense así de ella. Una entidad a la que se le presupone un fin social no puede tener una imagen pública de monstruo devorador de dinero a costa del consumo de cultura de los ciudadanos y las ciudadanas. Una gestión nefasta, basada en intereses personales que solo buscaban un enriquecimiento rápido, la ha conducido a un punto de no retorno. A partir de ahí, solo sirve el crear un nuevo modelo que recupere la intención inicial de los fundadores.

Se acabaron los tiempos de insultar y criminalizar al público por tratar de tener un acceso fácil a la cultura, mientras que los gestores realizaban actos criminales punibles y penados por la justicia. Ha llegado el momento de adaptar la entidad a los nuevos tiempos y de pensar que no se puede vivir enfrentado a todos aquellos que van a disfrutar del material creado por los socios de la entidad.

Como bien insisto varias veces en el debate de La Tuerka, estamos en un momento de cambio, pero ese cambio no va a llegar de una forma rápida. Actualmente nos encontramos en la prehistoria de lo que será la difusión de la cultura en un futuro, puede ser lejano o puede ser muy cercano, teniendo en cuenta a la velocidad a la que se mueven las cosas. Hay fórmulas que surgen, que funcionan y prevalecen. Otras no y desaparecen. Es por ello que debemos estar atentos a todo lo que se mueve a nuestro alrededor si queremos entender lo que está pasando y huir de respuestas simples y arquetípicas que han funcionado durante años, pero que actualmente suenan a discurso fallido.

Tras el debate, Manuel Aguilar, persona que estuvo en representación de la SGAE, me comentó de forma informal que me presentara a las elecciones al consejo directivo de la entidad. Yo tengo los 5 votos permanentes necesarios para hacerlo y me lo planteé. Llegado el momento, he presentado los documentos y figuro como candidato dentro del colegio de Pequeño Derecho en Sinfónicos. No sé lo que podré aportar, pero creo que se necesita en la SGAE de ese punto de reflexión y de observación que favorecería el crear una entidad de gestión que realmente defienda a los autores de las amenazas reales, que son muchas y justamente no se encuentran en los usuarios, algunas están dentro de la propia SGAE.

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Construir

Estamos en un momento en el que las viejas formas de entender la sociedad y su desarrollo tocan a su fin. La ciudadanía debe abandonar de una vez por todas su posición cómoda como receptor de la política y dar un paso al frente para poner sobre la mesa sus propuestas y participar activamente en la sociedad. Ya no vale con dejar que otros lo hagan por tí, esos otros han demostrado que todo lo hacen en su beneficio propio. Los tiempos de colocar el voto en la urna para ver si “mamá” o “papá” te gobiernan se han acabado, ya hemos pasado a la madurez y debemos asumir nuestro rol con la responsabilidad que corresponde.

Podemos surgió gracias al compromiso de muchas personas que decidimos que podíamos tomar las riendas y dejar de ser meros espectadores. Pero Podemos no es un milagro, no nos va a salvar ni nos va a traer un mundo maravilloso en el que seamos felices para siempre. Podemos lo que trae es trabajo y de eso hay mucho. La descomposición a la que nos ha llevado el sistema en el que nos encontramos nos pone en una situación de sentar las bases de un nuevo modelo, de buscar ese botón que reinicie y renueve el sistema. Va a ser muy difícil y toda la ayuda será bien recibida.

Yo pertenezco al Círculo de Cultura, uno de los círculos sectoriales de Podemos que nace apenas unos meses con la intención de trabajar un nuevo concepto de cultura alejado completamente de los parámetros incrustados en nuestra sociedad por los poderes económicos. Nuestro punto de partida fue recuperar la cultura como derecho para la ciudadanía, en ello estamos trabajando. En estos meses han salido propuestas que se están organizando a la hora de elaborar un programa que renueve el panorama cultural. Que la cultura deje de ser un hobbie o una moneda de cambio, que todos podamos disfrutar de ella y que las personas implicadas en su labor reciban un reconocimiento que les permita vivir con dignidad. Este proceso está siendo abierto y participativo, todo aquél que ha decidido estar ahí está, aportando aquello que puede y que sabe. Profesionales de todos los campos de la cultura, aficionados y espectadores, todos son bien recibidos, la condición es trabajar para ello. Todos los que estamos comprometidos con este proceso sabemos perfectamente lo que nos implica, hay que empezar casi desde cero y tenemos que escuchar todas las voces posibles, ningún comentario puede caer en saco roto, todo es útil siempre y cuando esté enfocado de una forma constructiva.

Por eso, cuando veo artículos como éste, me demuestra que hay personas que todavía piensan que sentándose a esperar a que los demás hagan las cosas, éstas se arreglan. Personas que están esperando que llegue el gran milagro y que devore las estructuras pasadas, fallidas y corruptas y saque de la nada un nuevo proyecto ilusionante. Para mí el proyecto ilusionante es pensar que estoy aportando algo a esta iniciativa y que lo estoy construyendo con un grupo de personas que comparten conmigo esa ilusión.

La persona que ha escrito este artículo no se da cuenta que las ideas y los programas no salen de la nada, que Podemos surgió hace menos de un año y ya se le está exigiendo como al resto de los partidos. Nadie previó su éxito y eso ha supuesto un trabajo más duro, pero que no dude el autor del artículo que ese trabajo se está haciendo. No se puede utilizar para hacer una crítica la parte de cultura del programa para el Parlamento Europeo (dándolo como el programa del partido), ya que fue un programa de mínimos realizado para ese momento concreto. Las ideas sobre cultura de Podemos están en una fase de debate y consenso, en un proceso de consolidación. El autor del blog cita varios artículos online como fuente de sus comentarios y justo no cita esta entrevista que hice yo y que, si la lee, a lo mejor le queda más claro el concepto de cultura sobre el que se está trabajando (no nos olvidemos, estamos en un proceso, lo definitivo se sabrá en el momento que corresponda, que va a ser breve). Tampoco se refiere a los streaming y actas publicadas y disponibles en el Facebook del Círculo, demostración de nuestra total transparencia en todo lo que hacemos.

Nuestra puerta está abierta a todo el mundo que quiera participar con la única condición de que venga a construir un proyecto. Yo invito a esta persona que ha escrito este artículo que lo haga, que se acerque, necesitamos mucha gente en el proceso de trabajo. Lo que no necesitamos son críticas que traten de destruir. Que nos estamos equivocando, pues ven y dilo, cuéntanos tu visión y aportanos tu idea. Podemos no es el milagro, no es la solución, ni es la panacea, es lo que nosotros queramos construir y hay que estar dispuesto a comprometerse con ello.

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