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¿Es la economia una ciencia? (yo me pregunto)

Varias veces he comentado por redes sociales que la economía no es ciencia, lo que ha supuesto una reacción de sorpresa por parte de muchas personas, entre ellas grandes amigos y a los que admiro por su conocimiento de economía. Y es que en el fondo mi aseveración está basada en un malentendido que pretendo resolver con una explicación que creo que los expertos en economía merecen.

La última vez que dije que la economía no es ciencia fue al subir a mis redes sociales un artículo publicado por el diario El País criticando el programa económico de Podemos. Este señor llamado Antonio Roldán y que se nos presenta como doctorando en la London School of Economics analiza el programa de Podemos basándose en una crítica desde lo que podría ser una izquierda que él llama “responsable”. Para ello utiliza falacias como decir que Podemos dice en su programa económico que hay que dejar de pagar la deuda pública, detalle que no está en el programa (sí está el auditar la deuda, nunca dejar de pagarla). O utiliza algunos argumentos del programa totalmente razonables como hacer del BCE una banca pública o prohibir los despidos a empresas con beneficios para asignarle unas consecuencias cargadas de términos complejos y acabar con un tono asustaviejas que recuerda a los frailes que a finales del 999 predicaban acerca del fin del mundo en el año 1000. Parece ser que el doctorando en una prestigiosa escuela de economía de Londres le puede dar cierta respetabilidad, pero las mentiras y las falacias para meter miedo a la ciudadanía da igual si las dicen los frailes medievales o los economistas, convertidos estos últimos en la versión contemporánea de los primeros.

A mí me gusta la economía, me interesa, he leído varios libros y sigo páginas que dan información económica. Gracias a todo ello he descubierto que existen dos formas de plantear la economía. Una es la sencilla, en la que entiendes todo y que está explicada cláramente. Otra es la que se complica dentro de un discurso plagado de términos difíciles de comprender y que siempre termina diciendo que eso provoca la inflación y la inflación es mala (como es el caso del artículo citado previamente).

Cuando leo artículos de este tipo me recuerda a ese momento del documental de Michael Moore Capitalismo, una historia de amor, en el que el director dedica un espacio a preguntar a diferentes autoridades de la economía que es un derivado. Todos se traban la lengua al intentar definirlo y necesitan varios intentos para hacerlo. Al final, solamente uno de ellos lo consigue. Hay que tener en cuenta que los productos derivados fueron la moda antes de la crisis y uno de los factores causantes de ella y, por lo que nos muestra Michael Moore en su documental, muchos de aquellos que los manejaban no sabían realmente en qué consistían. Todos estos conceptos tan complejos han llevado a que estos grandes economistas traten a la población como pobres mortales que no han nacido con la capacidad de conocimiento como para comprender el difícil mundo de la economía, porque tiene tanta complejidad como las probabilidades de que salgan determinadas cifras o cartas en los tableros de juego de un casino.

Porque en gran parte son estos economistas, aquellos que manejan material peligroso y contaminante sin guantes ni protección alguna en medio de la calle, los que nos han metido en la crisis y los que nos quieren seguir convenciendo de que la única forma de salir de ella es haciendo lo mismo que se hizo para llegar. Es como querer curar a un enfermo inyectándole el virus que le llevó al borde de la muerte. Un médico que se le mueren los pacientes en el quirófano por incompetencia será retirado de su puesto y se daría por finalizada su carrera; por otro lado, a los economistas del derivado se les premia con posiciones más preeminentes en el mundo económico y mayor capacidad de decisión y dominio sobre las arcas públicas de los países para seguir alimentando ese pozo sin fondo que son los mercados financieros, y que como dice nuestro ministro de hacienda “no son gilipollas”.

Yo no soy economista, pero me gusta leer y escuchar a economistas que hablan claro y que aportan soluciones plausibles. Aquellos que lo enturbian todo con conceptos complejos me parecen igual que los trileros que se ponen encima de una caja de cartón a intentar distraer a aquellos infelices que entran en su juego, por mucho doctorado en Londres que estén cursando. Para aquel que disienta con mis argumentos, le recomiendo que vea el documental Master of the Universe, en el que un exbanquero llamado Rainer Voss nos cuenta desde las ruinas de su antiguo banco cómo funcionaba su mundo y como funciona ahora, explica en un lenguaje muy claro y comprensible por todo el mundo lo que hay detrás de todos los conceptos tan complejos que convierten la economía en un agudo sálvese quien pueda.

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