Sin categoría

Caridad

No somos conscientes de la gran noticia que recibimos la semana pasada al cancelarse de lo que podría decirse uno de los formatos televisivos más lamentables de la televisión actual. Me estoy refiriendo al programa Entre Todos. Ya en su momento, cuando se empezó a emitir, lo comparaban con un programa mítico de la radio de la España del desarrollismo franquista llamado Ustedes son formidables, más basado éste en la financiación colectiva de proyectos y con una estructura más encuadrada en el servicio público, espíritu que por obra y gracia de nuestros representantes políticos se ha perdido en nuestra televisión, la que pagamos con los impuestos.

La televisión pública como tal en este país de la piel de toro, se ha convertido en una quimera que no sabemos si en algún momento de nuestra vida podremos llegar a recuperar. Parece mentira que hasta en eso tengamos que añorar tiempos mejores de una dictadura, ya que nuestra querida democracia ha convertido los medios públicos en altavoces de los partidos que gobiernan, ya sea en el Estado como en sus comunidades autónomas. El resultado, la ruina de todos ellos y la falta de interés del público en ver una programación creada únicamente para la propaganda más burda, censurando cualquier contenido crítico que se pueda producir en su seno.

Vuelvo al programa de televisión del que estaba hablando. El economista José Carlos Díaz definía a la perfección en uno de sus artículos el concepto que el gobierno actual del Partido Popular tiene de pobreza y desigualdad social resumido en la siguiente cita: “La visión de Rajoy de la pobreza es la de Galdós en Miau. Considera que es algo que van a arreglar la beneficiencia y las ONG”. Esa sería la base del programa Entre Todos, un ejercicio de caridad para que el estado se pueda liberar de la responsabilidad que tiene en solucionar los dramas que produce el desigual reparto de la riqueza al que nos ha llevado esta mal llamada crisis, y que no es más que un robo de derechos por parte de las oligarquías insatisfechas con sus beneficios.

De esta forma, apelando a una absurda solidaridad y por medio de muestras de lacrimógenas situaciones se intentaba conmover a los ciudadanos para que nos ayudemos los unos a los otros como buenos hermanos. Todo muy integrado dentro de un espectáculo entre la caspa televisiva y las huchas del Dómund con forma de cabecitas de niños de diferentes razas.

A pesar de todo, el programa nos brindó momentos brillantes gracias a una parte de la ciudadanía responsable que quiso demostrar lo vergonzoso de este ejercicio televisivo, como el joven trabajador social que recriminó a la presentadora el uso sensacionalista que se hacía del drama de la gente que participaba en el programa, cuando el primer paso que deberían dar sería el ir a los trabajadores sociales antes de hacer espectáculo de sus problemas. O aquél otro joven que invitó a la presentadora a utilizar parte de su sobredimensionado sueldo presentando el programa, para ser solidaria con los participantes. Por supuesto, la señorita presentadora fue incapaz de responder algo coherente a ambas propuestas.

Un amigo, trabajador de TVE en el momento del inicio de emisión del programa, me recriminaba el otro día mis comentarios negativos aludiendo a la cantidad de familias que habían sido ayudadas por el programa Entre Todos. Yo en ningún caso niego el hecho, pero tras leer un artículo en el que una persona participante describe el trato dado por la productora, y en el que se indica que la persona a la que supuestamente se ayudaba se le dieron los teléfonos de las personas que habían contactado para que llamara desde su propio móvil, con el gasto económico que eso iba a conllevar a una persona con pocos recursos económicos, saco al respecto mis propias conclusiones.

Parece ser que últimamente se está recuperando con mucha frecuencia la figura de Guy Debord dentro de la esfera de acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad. ¿Será a lo mejor porque después de unos cuantos años nos hemos dado cuenta de que La sociedad del espectáculo se hace realidad cada día? Todo lo que nos rodea se ha convertido en un espectáculo vacío de contenido que solamente sirve para llenar los bolsillos de unos cuantos. La señorita presentadora de este programa recibe un sueldo muy por encima de cualquier sueldo medio nacional, es lo que le corresponde por su trabajo, no se lo niego, pero recordemos que ese dinero lo está cobrando por convertir los dramas humanos en espectáculo. Lo mismo si hablamos de los beneficios que la productura que hace el programa (Proamagna, de la que es dueño un ex-directivo de TVE y de Canal Sur, y que cuyo único programa en producción es Entre Todos). Espectáculo vacío de contenido disfrazado de solidaridad que no pasa de ser la caridad tradicional de la limosnita a la salida de misa.

Personas que extraen beneficios de los dramas humanos, mientras que los trabajadores sociales de este país siguen sin recibir un salario digno y siguen siendo considerados de segunda categoría. En un país en el que se recortan leyes de dependencia y se retiran recursos porque las grandes fortunas tributan en SICAV o tienen su dinero en cuentas en paraísos fiscales. Por eso tenemos que estar agradecidos a los productores de este programa por convertirse en ese cura que critica a sus feligreses desde el púlpito lo poco solidarios que son porque hay muchos niños pobres en el mundo. Y mientras sigan existiendo programas de este tipo habrá más, porque si no, no ganarían dinero sus presentadores y productores.

Estándar