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Los caciques

Voy con una semana de retraso para hablar del tema, lo se, pero es el tiempo justo que he tardado en articular la reflexión sobre el asunto estrella de la información del jueves pasado, en el que una adalid del neoliberalismo y defensora de las fuerzas del orden provocaba un espectáculo más allá del bochorno.

El hecho concreto pudo tener su gracia, incluso yo contribuí con un chascarrillo al festival provocado en redes sociales, pero, como en todos estos arrebatos provocados por personajes pertenecientes a esta casta siempre hay un subtexto que nos pone al borde de lo terrible.

Esta señora presume de títulos nobiliarios, de incansable capacidad de trabajo y siempre muestra una extraordinaria destreza para convencer a su público de que ella es la mejor. Este último punto quizá es el más importante, ya que siempre ha mostrado una asombrosa soltura para salir de cualquier situación compleja con absoluto desparpajo, hasta el punto de llegar a decir que ella descubrió una trama corrupta en la que se hallaba, y se halla enfangada hasta las cejas.

El jueves pasado todo ese desparpajo y soltura fue transformado en un gesto que difícilmente es permisible en un político con la repercusión que esta señora tiene. Cual increíble Hulk, pecó de uno de los pecados capitales, de esos que no se perdonan con una visita al confesionario, porque quedan grabados a fuego en la cabeza de los ciudadanos, esos que tienen que avalarla en las urnas.

Y entonces salió la cacique, aquella mujer que tiene derecho a todo adquirido por sus títulos nobiliarios, su incansable capacidad de trabajo y por ser la mejor. Ella sólo paró un minuto en un carril bus. Mientras que a cualquier mortal se le multaría por ese hecho, ella puede hacerlo “aprovechando que había parado un taxi delante”. Ella puede ofender y vejar a los agentes de movilidad y marcharse antes de acabar el proceso administrativo de la sanción, porque es de una casta superior que se lo permite. Ella puede utilizar todos los medios de comunicación a su alcance , y a todos sus esbirros mediáticos, para derrochar toda su soberbia posible en contra de aquellos que simplemente queríamos que fuese tratada como lo que es, una ciudadana más, no de una casta superior. Los agentes de movilidad no tuvieron los medios a su alcance al nivel de esta mujer, yo quería haber escuchado su versión, pero había que escarbar en la red para encontrar un simple testimonio. Los agentes de movilidad, ese cuerpo surgido de la precarización de la policía municipal por el anterior alcalde de la ciudad de Madrid. Un cuerpo que no entra dentro de esas fuerzas del orden que tanto esta señora, como sus compañeros de partido, como sus sicarios mediáticos no paraban de defender una semana antes.

Quedan excluidos de las fuerzas del orden, porque no les defienden, les atacan y les ponen multas, y eso no se puede permitir. Las multas son para el populacho.

Y mi reflexión continuará

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