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Algo sobre el nuevo sindicalismo

Cuando eres niño y piensas en dedicarte a esto de la música te vienen muchas imágenes a la cabeza y todas resultan buenas. Son sueños que te transportan a lugares imaginados en los que ser músico es lo mejor que podría pasarte. Debo que reconocer que ser músico es lo mejor que me ha podido pasar, es lo que me ha dado las mayores alegrías, pero también me ha mostrado lo duro que es llegar a este este punto. Ser músico es duro, no porque la música sea una actividad difícil, sino porque el universo en el que nos movemos las y los músicos es una especie de jungla en la que nos hacemos muy pequeños, tanto que las ramas de esta jungla cierran nuestro camino y nos cuesta muchísimo esfuerzo levantarlas para avanzar.

Hemos sido testigos, desde tiempos ya no tan recientes, de una progresiva precarización de los trabajadores del mundo del arte y de la cultura. La crisis ha sido la excusa perfecta para reducir sueldos y que se dedique mucho menos dinero a la cultura, por lo menos a fomentar la diversidad cultural. Esto ha provocado que la clase media cultural se haya convertido en clase baja, precarizada, olvidada, obligada a dedicarse a otras mil cosas si quiere sobrevivir.

En un entorno en el que la desregulación nos ha conducido a esta jungla que antes comentaba, en la que nos hacemos pequeños, necesitamos fuerzas, necesitamos unión y compromiso para defendernos. Necesitamos mirar a un lado y a otro para descubrir que no estamos solos, por mucho que nos insistan en ello. No somos emprendedores, somos trabajadores que luchamos por nuestros sueños, esos que tuvimos en nuestra infancia y que nos condujo a tomar esa opción de vida. Esos que hemos desarrollado por medio de trabajo duro y de paciencia, aunque a mucha gente le parezca que los artistas trabajamos sin esfuerzo.

Recientemente he participado en dos debates radiofónicos en representación de la Unión Estatal de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Primero en el gran programa de Agora Sol Radio Barrio Canino, que dedicó un especial a nuevo sindicalismo, de ese que surge con los nuevos tiempos. Ahí tuve la posibilidad de definirme como un currante y un auténtico mindundi, que luchar por mis derechos ni me hace un héroe ni me hace especial, simplemente defiendo aquello que es justo y que beneficia a todas las personas que estamos en esto de la música y de la cultura.

http://barriocanino.blogspot.com.es/2017/01/barrio-canino-vol201-lucha-de-clases-y.html

Por otro lado estuve también con el compañero David García Aristegui en el programa de Radio 3 El Canto del grillo. Ahí tuvimos un divertido debate en el que se trataron muchos temas sobre la música y el entorno, de la necesidad de los músicos en este espacio en el que son casi ausentes para así evitar cualquier exceso, ya sea por parte de los empresarios o por parte de las administraciones

http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-canto-del-grillo/canto-del-grillo-voz-alta-viven-musicos/3924517/

Trabajadoras, trabajadores de este mundo del arte y la cultura, mirad alrededor que somos muchos, que si queremos que el entorno de la cultura mejore tenemos que asumir nuestro papel y pelear. Pelear por conseguir estar en los espacios de decisión, defender nuestro espacio y mantener nuestra dignidad de obreras y obreros, que es lo que somos. La clase obrera de la cultura.

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SGAE, tres problemas, tres soluciones

Tiempo hace que el entorno de la música debería encontrarse convulso (y no lo está) por el caso del cantante Pablo Und Destruktion y su contencioso que implica a la cadena de televisión Antena 3 y su empresa gestora A3Media y a la Sociedad General de Autores y Editores, SGAE. Usar una canción de Pablo para una promoción de una serie de la cadena sin pedir permiso a éste fue el desencadenante de una contienda que saca a la luz la indefensión de los autores de música y la falta de apoyo por parte de la SGAE. La cadena se escuda en que gracias al canon que anualmente ingresa a la entidad, tiene derecho para utilizar todo su repertorio sin tener que pedir permiso. Curiosamente, esa canción de Pablo no está en el repertorio SGAE por lo que no se puede escudar en ese argumento. Y nos lleva a una cuestión que yo ya señalé en su momento; la forma de pago a bulto de las televisiones hacen a la SGAE (sin repertorios identificados) y que provoca que haya muchas canciones que al no estar en el repertorio, SGAE ingresa en sus arcas. Eso es lo que conforma el famoso pendiente de identificar, aquel que en una entrada anterior de este blog yo comparaba de forma metafórica con aquel pendiente que perdió Lola Flores una noche actuando para la televisión en la sala Florida Park. Realmente, ese pendiente de identificar es un dinero que la SGAE ingresa de una forma injusta, ya que pertenece a los autores. Sobre todo teniendo en cuenta que las televisiones utilizan una dinámica de “donde pago cago” a la hora de utilizar el repertorio, y si no está en dicho repertorio; “pues haberlo registrado en la SGAE”. Encima el problema es tuyo.

La SGAE es una entidad de gestión colectiva que gestiona los derechos de los músicos, los económicos ¿Qué pasa con los demás derechos?

Por lo tanto, como autor, compositor de música y miembro de la SGAE con número de socio 48823 me adhiero a este manifiesto:

Tres propuestas para la mejora del funcionamiento de SGAE:

1) El conflicto entre el artista Pablo Und Destruktion y Atresmedia/SGAE ha puesto de manifiesto un grave conflicto entre la voluntad de las autoras/es y la gestión de SGAE: al firmar el contrato de gestión se obliga a delegar la gestión de la TOTALIDAD de su repertorio a la entidad.

Si bien SGAE permite dejar fuera del acuerdo ciertos territorios y categorías de derechos en determinadas condiciones, el/la autor/a no puede optar por dejar fuera de SGAE la gestión de ciertas obras, asunto que choca frontalmente con el Art. 153 de la LPI: “La gestión de los derechos será encomendada por sus titulares a la entidad de gestión mediante contrato cuya duración no podrá ser superior a tres años renovables por períodos de un año, ni podrá imponer como obligatoria la gestión de todas las modalidades de explotación ni la de la totalidad de la obra o producción futura. Ello sin perjuicio de los derechos contemplados en la presente ley cuya gestión deba ejercerse exclusivamente a través de las entidades de gestión.”

Muchas personas, por diversos motivos, no declaran todas sus obras en SGAE, por lo que en esta situación, de manera normalmente inconsciente, se incurre en un incumplimiento de contrato.

Proponemos una solución sencilla, realista y próxima a este problema: que la gestión de las obras por parte de SGAE la decida la persona que la crea, como ya sucede en otras entidades como VEGAP, CEDRO y DAMA. Si es posible la gestión por obra en artes gráficas, literatura o audiovisuales, es posible también en la música.

2) Otra carencia histórica en SGAE es que no es posible elegir el tipo de licencias bajo las que quieren difundir su obra. Entidades de gestión como BUMA/STEMRA (Holanda), KODA (Dinamarca), STIM (Suecia) y SACEM (Francia) ya han impulsado programas piloto para que las y los creadores puedan usar licencias Creative Commons.

Proponemos un programa piloto similar en el que SGAE permita el la gestión de obras bajo licencias Creative Commons.

3) El conflicto de Pablo Und Destruktion con Atresmedia/SGAE también ha manifestado que no están claros los acuerdos de SGAE con las televisiones.

Por ejemplo, cuando una cadena utiliza una canción para realizar una promoción de sus contenidos, SGAE unilateralmente decide que esa pieza audiovisual no se trata de un anuncio publicitario, sino de una simple autopromoción en la que no se requiere la autorización del autor/a para obtener el derecho de sincronización. Además se vulneran los derechos morales de las y los creadores, puesto que no se respeta la integridad de la obra en estos anuncios.

Proponemos que se hagan públicos todos los acuerdos que existan de este tipo, para que puedan ser debatidos y, en su caso, modificados. Pensamos que la persona que compone siempre debe poder decidir si su canción va usarse para publicitar algo en un entorno fuertemente mercantilizado y comercial como es una televisión. Los derechos morales deben prevalecer por encima de cualquier acuerdo entre SGAE y las televisiones y entidades de radiodifusión.

Las personas que se quieran adherir a este comunicado por favor que escriban aunion.musicos@gmail.com con su nombre o nombre artístico, además del número de socia/o de SGAE para las personas que estén asociadas. Si os haceis eco en redes sociales de esta campaña por favor utilizad #poruncambioensgae ¡¡¡gracias!!!

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La basura que se mete debajo de la alfombra

Parece ser que la Unión Europea ha puesto sentido común a los políticos del gobierno de la piel de toro al anular la forma de cobro del canon digital presente en la última ley de Propiedad Intelectual. Para aquél que no sepa de qué estoy hablando, Bruselas ha sacado los colores (otra vez) a nuestro querido gobierno del Partido Popular por realizar otra maniobra más para meter la basura debajo de la alfombra. Menos mal que viene alguien de vez en cuando a levantarla (ojalá lo hicieran también con otras cosas).

El Canon digital es la actualización del famoso canon por Copia Privada, que es el que en los 80 pagábamos por las cassetes y que a principios del actual siglo nos recordaban en las tiendas de material informático, cuando nos sorprendíamos del precio que tenía aquel disco duro, que pagábamos a la SGAE. Es decir, es un canon que se paga por los soportes como compensación por lo que grabábamos en ellos de música y películas que teníamos para prestárselo a los amigos o que los amigos nos pasaban a nosotros. Eso te permitía hacerlo sin que tuvieses que pasarte las noches en vela pensando que iban a llamar a la puerta de tu casa para detenerte por pirata. Cuando los de las tiendas de material informático te decían aquello de que el disco duro era más caro por culpa de la SGAE la gente montaba en cólera y se cagaba en ella convirtiéndola en el muñeco de pim pam pum del momento. Y claro, entonces el canon se convirtió en un problema más del enfrentamiento entre ciudadanos y creadores, con la industria por medio.

Y llegó el PP y dijo, venga, para quitarnos el problema hacemos depender este canon digital de los Presupuestos Generales del Estado, y así la gente no protesta. Y por arte de magia la gente dejó de protestar. Los discos duros costaban igual de caros (o más), pero ya no era por culpa de la SGAE. La gente pagaba el canon con los impuestos, incluso aquella viejecita que jamás pensó en comprarse un disco duro en su vida y menos digitalizar en ellos sus vinilos. Todo muy justo, y muy de política del PP; escondes las cosas y así ya no se ven. ¿Alguien protestó? ¿alguien protesta? No ¿Por qué cuando te lo cobraban con el disco duro sí?

Hay que tener en cuenta que el concepto de copia privada es algo obsoleto, por eso pasó a llamársele canon digital. La gente ya no copia cintas cassete, ni CDs y actualmente, ni siquiera ya la gente compra discos duros para consumir cultura, el streaming es la herramienta más habitual ya sea por plataformas de pago, gratuitas o utilizando youtube, los contenidos se guardan en nubes, entonces ¿para qué pagar el canon digital? Y en caso que la respuesta a esta pregunta sea afirmativa ¿Quién tendría que pagarlo?

Estamos en un tiempo en el que a lo mejor no es el que compra un disco duro el que debería de pagar el canon digital, a lo mejor habría que revisar quién debería compensar a los autores por los usos digitales de su repertorio en un momento como este. Los grandes entramados de internet como Google o Facebook ganan cantidades ingentes de dinero y distribuyen y almacenan masivamente contenidos culturales sin aportar un solo euro a los autores. Podrían dedicar sólo un poquito de eso que ganan en remunerar a los creadores ¿no? Una mínima parte de todos los millones que facturan anualmente. En Cataluña se está aplicando un canon a las telefónicas, algo completamente coherente teniendo en cuenta que dan internet de alta velocidad a la gente y muchas de ellas disponen de televisiones digitales. Como idea es buenísima, pero hay que procurar que estas compañías, que también ganan unas cantidades ingentes de dinero, no pusieran en los recibos una nota al pie que dijese “te hemos subido la cuota para pagar a la SGAE que, por cierto, son muy malos”.

En fin, que vuelvo a insistir en que la Propiedad Intelectual es cosa de todos y que entre todos nos tenemos que poner de acuerdo; pero se le podría pedir a este último gobierno un poquito de responsabilidad con el tema, y un poquito de voluntad política para arreglar las cosas. Que meter la basura debajo de la alfombra hace que no se vea, pero al final acaba oliendo.

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Propiedad Intelectual

Los derechos de autor son cosa de todos

Una semana más tarde celebro desde aquí el día de los derechos de autor con este artículo.

Hablar de propiedad intelectual desde un pensamiento de izquierdas puede conducir a una paradoja importante. Defender un concepto que en su título conlleva la palabra propiedad puede suponer que la idea de capitalismo sobrevuele de forma negativa y haga que esta defensa acabe siendo inútil. Y es que las batallas culturales, tan de moda ahora, se libran en muchos espacios y es en éste en el que los contendientes se hallan más despistados a la hora de apuntar sus armas para dirigir sus ataques. Bueno, solo algunos de ellos se hallan en esta situación, hay unos cuantos que saben dónde está la victoria y lo ven tan fácil que se entretienen mirando cómo los demás luchamos sin saber dónde se encuentra el enemigo.

Si preguntamos a la gente de la calle, por derechos de autor se entiende aquello que impide que uno se baje películas o música de internet, o por otro lado, aquello que sirve para obtener unos magníficos beneficios sin dar un palo al agua. Podría seguir aportando razones de cuñado en cena de año nuevo para definir la propiedad intelectual, pero necesitaría una serie de artículos que estoy seguro que ningún lector serio estaría dispuesto a aceptar. Lo que es cierto, y este tipo de comentarios lo refleja, es que se hace necesario un proceso importante de pedagogía al respecto. La cuestión es si realmente a aquellos que les preocupa la propiedad intelectual estarían interesados en que la gente entendiese de verdad lo que significan estas dos palabras. Dice el dicho que a río revuelto ganancia de pescadores y parece que hay determinados ámbitos del sector cultural que le interesa que haya mucha confusión entre lo que es y lo que no es la propiedad intelectual y sus derechos correspondientes. La razón, mantener un estatus que les haga sobrevolar de forma liviana por encima de la realidad mientras miran cómo partes implicadas se tiran los trastos a la cabeza de una forma más o menos violenta. En el fondo existe un entorno de diferencia de opiniones que nunca llegará a un acuerdo, mientras no se pongan sobre la mesa los verdaderos problemas no se podrá llegar a las soluciones. El círculo vicioso está más que servido, y así llevamos muchos años, sobre todo desde que internet creó ese espacio libre (¿?) en el que cada uno puede hacer lo que quiera.

El punto de partida de cualquier objeto cultural es la persona que lo crea. Ésta deja un tiempo de su vida en inventar algo que le sirve por un lado de expresión propia y por otro de comunicación con un público que pueda aceptarlo de buen gusto. La imprenta fue un gran impulso para que todos los escritores ampliaran ese público de forma masiva, pero el problema llegó cuando veían que había una persona que intermediaba y que se llevaba unos grandes beneficios, era el editor de los libros. Es entonces cuando el escritor reclamó sus derechos, una parte de esos beneficios. Una parte pequeña que no iba a ser una gran pérdida para aquél distribuidor de cultura pero que éste se negaba a asumir, es entonces cuando se dieron cuenta que si no se juntaban para hacer presión, los editores iban a hacer oídos sordos a sus reclamaciones. De esta unión surgieron las primeras asociaciones de creadores que derivarían en la entidades de gestión colectiva que conocemos actualmente. En este rápido resumen de la historia de la propiedad intelectual vemos una cosa que sorprendería a cualquier persona que se sienta identificada con la ideología de izquierda; los trabajadores de la creación se asocian para defender sus derechos por una propiedad que nace suya desde que es él el que la ha creado por medio de su esfuerzo. Actualmente los creadores viven en un momento en el que el sindicarse es una quimera solamente en manos de guionistas de Hollywood, aunque en este caso no es el argumento de una película, ya que fueron ellos los que pararon la industria por medio de una huelga para reclamar la dignidad de su trabajo. Ser creador y autónomo van siempre de la mano y ser autónomo y no tener posibilidad de sindicarse es lo que hace que la profesión de creador se convierta en una de las más precarias. La autonomía implica que estás solo ante aquel que te va a pagar y por ello va a pagarte lo que le parezca más rentable para él independientemente de la calidad y el esfuerzo. Es por ello, que las sociedades de gestión colectiva son lo más cercano que han tenido los artistas a lo que puede llamarse sindicato.

El capitalismo, en los tiempos en los que surgió la propiedad intelectual renegó de ella, no entendía el por qué de este tipo de propiedad que evitaba el libre comercio y la libre competencia, pero resulta que en los tiempos actuales de la gran Industria Cultural y de la Economía de la Cultura, la propiedad Intelectual se convierte en una forma de maximización de beneficio, mantra incombustible del liberalismo. Y ahí están los grandes entramados de la Industria Cultural como abanderados de la propiedad intelectual. El sistema Estadounidense, basado en el Copyright, despersonaliza la creación convirtiéndola en un producto de consumo, y las creaciones entonces se convierten en el beneficio de la gran empresa de la difusión cultural. Es entonces cuando el creador se hace pequeño y tiene que ver como contratos draconianos van mermando su beneficio por los derechos de su creación al tenerlos que ceder bajo la amenaza de que su trabajo no sea visto más que por sus círculos más cercanos. Y apareció la piratería, la Industria Cultural empezó a tambalearse y sacaron a los creadores de sus casas para que pusieran cara de pena y un cartel debajo que decía “él nunca lo haría”. La piratería precarizaba al creador todavía más que lo que la propia industria lo hacía por medio de la invasión de las redes de distribución de esos productos en serie que conforman el llamado mainstream, pero era más fácil atacar al consumidor. Como dice el dicho, siempre es bueno que haya niños, y el consumidor final siempre es más débil y el poder de hacer campañas mediáticas culpabilizándole estaba en la mano de la Industria. La reacción no es tampoco el todo gratis, ni el asimilar la creación cultural a los parámetros por los que se miden las patentes de software, la solución pasa por poner cada cosa en el sitio que corresponde y arrimar todos el hombro en una labor política esencial de acuerdo y consenso.

En lo que implica la propiedad Intelectual tenemos muchos actores participando. Está el creador, que hace su obra y quiere difundirla; está la industria que la difunde y hace que llegue a todas partes; están los usuarios, que son aquellos que hacen uso de la propiedad intelectual por medio de plataformas de difusión por las que obtienen beneficios (medios de comunicación y plataformas de internet) y finalmente están los ciudadanos, los que accedemos a la propiedad intelectual, compramos discos, vamos al cine, leemos libros, consumimos plataformas de streaming. Cualquier política pública que se diseñe desde una administración tiene por obligación que contar con todos los actores participantes, si no, se pecaría de favorecer a una parte de ellos. Las leyes de propiedad intelectual en los últimos tiempos, así como cualquier acción consecuente a ellas, han sido diseñadas teniendo en cuenta únicamente los intereses de una parte de los actores, por no decir de uno de ellos, la industria. Sus ideas al respecto son muy claras, los problemas que afectan a la propiedad intelectual son culpa de los consumidores que no quieren pagar y deciden piratear, de ahí que presionen a los gobiernos para que impongan medidas restrictivas y punitivas que lo único que logran es separar los bandos y poner una trinchera en medio.

Si se quiere plantear una ley de propiedad intelectual efectiva y surgida del acuerdo tiene que partir del diálogo y la negociación entre los diferentes actores. La propiedad intelectual es cosa de todos, y todos tenemos que ser conscientes y responsables de nuestra parte. Ceder en las posiciones, entender los mecanismos y, sobre todo, entender su función se hace necesario, teniendo en cuenta hacia dónde se dirige nuestra sociedad en lo que a consumo cultural se refiere. Si no se pone sobre la mesa un pacto social por la propiedad intelectual seguiremos peleando en un terreno cenagoso en el que nos acabaremos ahogando.

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SGAE

El pendiente de Lola Flores

Grabada quedó en la memoria de todo un país la imagen de Lola Flores buscando un pendiente perdido en plena actuación en la sala Florida Park. Mientras los músicos tocaban para que ella hiciese su espectáculo, ella, sin embargo, se dedicaba a preguntar al público asistente si habían visto su pendiente.

Así se encuentran ahora mismo los socios de la SGAE, sobre todo los músicos, buscando su pendiente. Y es que el juego de palabras me viene al pelo para hablar de uno de los temas más polémicos que existen acerca de la gestión de la propiedad intelectual, el pendiente de identificar.

La SGAE tiene un modelo de recaudación según el cual recibe un dinero por la comunicación pública de repertorio. A partir de ahí el dinero se reparte entre los socios a los que les corresponde, para eso existen listas, inspectores y todos los medios posibles para identificar quién ha hecho qué, en donde se ha reproducido y a qué hora. Pero ¿Qué pasa cuando no se identifica lo que se ha interpretado? Esto puede suceder por dos razones, o porque el autor por dejadez no lo haya registrado en la entidad o porque la obra concreta pertenece a un autor que no está asociado a la entidad. Si no está asociado ¿Por qué la SGAE recibe dinero por su gestión? Interesante pregunta.

Tras cinco años (que ha ido bajando con el tiempo hasta tres) de ser pendiente de identificar, ese dinero recaudado pasa a un fondo común de la entidad. Y ¿qué se hace con ese dinero del fondo común? Pues emplearlo en labor social dirigida a los socios, para ayudarles por medio de cursos, becas, seguros, etc. Bonito ¿verdad? Pues la etrada de la Guardia Civil en la sede de la SGAE en 2011 vino concretamente por una denuncia que había puesto un socio acerca del uso fraudulento de este dinero. Porque en lugar de utilizarlo para la función que he explicado antes, aquellos que se llenaban la boca llamando piratas a los usuarios por utilizar redes P2P para descargar archivos,  utilizaban ese dinero para aquello que se hace con los bienes intangibles en economía financiera; especular. Un teatro por aquí, un estudio por allá, otro teatro por acullá,… se llamaba Red Arteria y era una operación a nivel mundial muy rentable para la SGAE, y para el país. El resultado, una entidad en quiebra y solo como ejemplo, un destrozo de patrimonio histórico en el Palacio de Boadilla que ha quedado sin terminar (operación apoyada por un ayuntamiento corrupto, no nos olvidemos de Gurtel).

Dejando a un lado este hecho, la forma de recaudación de la SGAE es injusta, y su forma de reparto casi tanto o más. La recaudación se hace por medio de reclamar un dinero según unas tarifas acordadas sin contar con si el repertorio ha sido identificado en su caso o no. El canon digital resumía más o menos este proceso, yo te pongo en los discos duros que te compras un canon porque “como los vas a llenar de música descargada por medios ilegales,…”. Entonces, daba igual que te compraras un disco duro para guardar tus archivos, o tu trabajo, pagabas el canon porque mucha gente estaba bajando música de forma ilegal, aunque no fueses tú. Lo mismo pasa con las televisiones, cada año pagan un dinero a la SGAE, de ahí se reparte según las listas de obras utilizadas por las televisiones y lo que sobre, pues se reparte entre los socios, siempre repartiendo el dinero  entre los que más recaudan primero. Lo que se dice una entidad con idea social.

Si ya entramos en el reparto que se hace por reproducción en radio, tu música puede sonar todos los días en una radio local y tú no recibir nada de derechos a pesar de que la emisora está pagando su canon. Son cantidades demasiado pequeñas para gestionarlas, según dice la SGAE. Por eso ese dinero se dirige a esa parte que se reparte entre los que se llevan la mejor parte. Entonces llegamos otra vez a La Rueda.

Sería mucho más justo y coherente que el repertorio estuviese identificado y solo se cobrara por aquello que fuese utilizado ¿verdad? Pues para contradecir a la SGAE en sus razonamientos acerca de este caso, existe una entidad de gestión en España, DAMA, que recauda de esa manera. Y funciona mucho mejor que la SGAE. Por lo menos no tiene asambleas que recuerdan a las juntas de vecinos de la serie La que se Avecina, pero multiplicado por mil.

Y el pendiente de identificar, como el de Lola Flores, debe encontrarse debajo de alguna mesa del Florida Park. O encima de alguna otra de un restaurante de lujo.

Esta entrada está dedicada a David García Aristegui, por su sabiduría en propiedad intelectual y su insistencia sobre este tema.

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La maldición de la E

Nunca una letra ha podido ser tan significativa dentro de unas siglas. Nunca una única letra ha podido cambiar tanto la estructura de una entidad. Cuando Ruperto Chapí creó la SGAE esa E significaba España. Creó una sociedad que defendiese los derechos de los autores del país que respondía por esa inicial, porque aquellos necesitaban defensa y ayuda.

Entonces llegaron aquellos otros que pensaban que los que más facturaban deberían tener mayor capacidad de decisión (aquellos que acabaron detenidos, procesados y condenados), y dijeron que por qué la letra E debería representar a España. Ellos eran muy de izquierdas, y los nacionalismos nunca son sanos. En un mundo moderno y globalizado los países no importan, lo que importan son las empresas, que son las que dan trabajo (y lo quitan cuando les apetece) y dan riqueza (con domicilios fiscales en paraísos, de esos en los que no hay manzanas ni serpientes).

Un editor no es malo que exista, de hecho, es una figura necesaria. Es una ayuda y un apoyo al creador. Le ayuda a difundir sus trabajos y a gestionar los movimientos que dicha difusión genere. El creador no tiene por qué entender de todo esto, ya bastante tiene con su labor. Por eso necesita de una mano derecha, una muleta en la que apoyarse y que comprenda el complejo mundo de la difusión y distribución de la cultura. Por lo tanto, los editores son buenos, siempre y cuando hagan su trabajo de forma digna ayudando al autor (digo esto por si luego se malinterpreta lo que viene a continuación).

Cuando los editores utilizan su situación de privilegio en el mundo de la industria para aprovecharse de los autores es cuando comienza el conflicto. Y cuando determinadas empresas privadas aprovechan la gestión de la propiedad intelectual para ganar dinero fácil creando editoriales no es que comience el conflicto, es que es una estafa.

Ruperto Chapí no fue consciente nunca de la cantidad de dinero que se podía generar por medio de la difusión de la cultura, el pobre hombre apenas conoció la grabación en disco, como para pensar en la difusión masiva de contenidos culturales por internet. De hecho, Chapí creó la SGAE (Sociedad General de Autores de España) para defender a los autores de los usos abusivos de los editores de música, así como los primeros intentos de sociedades de autores se hicieron por la misma razón.

Entonces ¿por qué abrir la puerta a los editores para entrar en la sociedad?

Desde que la Sociedad General de Autores de España pasa a ser la Sociedad General de Autores y Editores (el cambio de la E), los abusos sobre los autores ejercidos por los señores de la nueva E han sido y siguen siendo innumerables. Las firmas de contratos por medio de discográficas multinacionales (miembros de la SGAE) en la que la editorial se puede llevar desde el 50% en adelante de los derechos del autor por la función de edición, suelen ser muy habituales. Incluso en algunos casos pueden llegar a dejarle al autor el 20% o menos de sus derechos, aquellos que le corresponden, según ley, por la creación (luego se habla de descargas y piratería). ¿Acaso los editores cumplen su función? en la mayor parte de los casos no. Muchos de estos creadores que han firmado estos contratos se han encontrado que a la hora de defender sus derechos, estas editoriales estaban más ocupadas con otros artistas que les pueden proporcionar más dinero, y se han quedado presos de estos contratos sin poder hacer nada, ya que adquirieron unos compromisos con la Editorial. Luego, claro, viendo la democracia que hay en la entidad, puede imaginarse el lector la cantidad de votos de que disponen estos editores. El problema es que si quieres sacar un disco con determinadas discográficas debes firmar esos contratos (o entrar en el universo de la autoedición y el Copyleft que tanto critican luego los señores representantes de estas compañías y sus afines).

Luego entramos en las otras empresas, esas que no son Editoras y que quieren dinero fácil y rápido. Empresas que gestionan espacios de publicidad en televisiones y que crean editoriales para poder entrar en ese negocio tan lucrativo de los derechos de autor (sobre todo si vienen de emisiones en horario nocturno). O los propios medios de comunicación, que vieron que si creaban una editorial y hacían firmar a todos los creadores que trabajaban para ellos un contrato cediéndoles parte de sus derechos (50% para adelante, y si no firmas, no trabajas), al final del canon que pagan anualmente a la SGAE les volvía una parte importante (es el problema de cobrar por canon, pero eso es tema para otra entrada de este blog). Triquiñuelas con la ley de Propiedad Intelectual y los estatutos de la SGAE para hacer un fraude en el que el autor vuelve a ser el perjudicado.

Ay, Ruperto Chapí, si tu supieras que aquello para lo que creaste la SGAE, defender a los autores de los abusos de los editores, se ha convertido en día a día de la entidad. Pero claro, entonces la E era de España. Nadie había abierto la puerta de la SGAE para que los zorros, no es que cuidaran a las gallinas, es que se las iban a devorar hasta no dejar ni los huesos. Por lo tanto, cambiar la E de España por la E de Editores, ha sido abrirle la puerta al horror de la ambición y la avaricia, la peor cara del concepto empresarial de este país.

Y al creador ¿qué? ¿quién le defiende?

PS: Hay un sector de personas que se presentan a al consejo directivo SGAE que defienden lo mismo que yo en esta entrada, y que también defienden a La Rueda de las televisiones. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado con estos temas a la hora de ver los argumentos de la gente a la que se vota.

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Sobre ruedas, brujas y democracia

No creo que me haga falta explicar en qué consisten los escándalos de La rueda de las televisiones, así como el tema llamado de Las Brujas, se han escrito ríos de tinta, tanto físicos como virtuales acerca del tema (qué socorrido es el blog de David Aristegui sobre el tema, agradecidísimo a él por ello). Ambos asuntos me conducen a reflexionar acerca de la calidad democrática de una organización e incluso de un país.

A alguien en algún momento de la historia de la SGAE le debió parecer muy bien que la representación en las decisiones debería de depender del volumen de facturación dentro de la entidad de los socios; a más facturación mayor número de votos. Esto, que sería el sueño húmedo de cualquier empresario neoliberal (de estos que la mayor parte de su beneficio viene de subvenciones y de concesiones públicas), no parece la forma más justa para una entidad sin ánimo de lucro por un lado, y que trabaja por la defensa de los creadores por otro. No creo que haga falta recordar que los inventores de este sistema han sido detenidos y se encuentran en estos momentos procesados.

Es decir, en estos momentos, una entidad de gestión de derechos y de protección a la creación se encuentra en un estado de dictadura de los que más facturan. Aquellos que controlan los medios para que sus creaciones sean las que más se emitan, aquellos que copan el mercado evitando la entrada de cualquier pequeño creador que ose introducir su nariz en ese sistema creado a su mejor forma de obtención de beneficios. Esos que luego llaman piratas a los usuarios y se indignan porque descargan por redes P2P, ¿no es también un acto reprobable la forma en la que copan los mercados de la creación?

Entonces aparece un grupo que por medio de un fraude y aprovechándose de un defecto de forma en los estatutos de la entidad ganan una cantidad sobredimensionada de dinero poniendo sobre la mesa las vergüenzas de la gestión. Y al facturar tanto tienen más votos, por lo tanto la capacidad de bloquear cualquier intento de cambiar ese error en los estatutos que les proporciona esos altos emolumentos. Ese momento absolutamente Kafkiano se vivió en la última asamblea en la que estuve presente, cuando cada bloqueo de decisión se acompañaba por vítores por parte de los causantes. Es sorprendente asistir a un espectáculo en el que gente que ha facturado dinero de esa forma sube al estrado a verter acusaciones sobre la directiva de la SGAE y victimizándose. Hay que tener en cuenta que el reparto de los derechos es como el reparto de la riqueza, cuando alguien recibe una suma desorbitada de dinero es porque otras personas están dejando de recibirlas, así de simple.

Cualquier socio debería tener la misma capacidad de decisión que cualquier otro dentro de una entidad basada en la defensa del trabajo que estos ejercen, la creación. No puede haber clases sociales en una profesión que se ha ido precarizando con el tiempo y en la que la igualdad de oportunidades es una quimera, al igual que lo es en nuestro día a día. Si queremos que las cosas sean de otra manera, todos los creadores debemos de luchar y defender nuestro trabajo de forma colectiva, los individualismos conducen a la avaricia ¿Para qué queremos la SGAE entonces si cada uno va a hacer la guerra por su cuenta (Gracias Enrique Mateu)?

En el fondo de todo se encuentra el problema de siempre, la ambición humana y el sistema basado en la misma y llamado capitalismo. Eres según lo que ganes, aunque aquello que ganes lo hagas de forma ilegal. Y cuanto más ganes mayores posibilidades de influir en las decisiones tendrás. En el mundo real se llaman multinacionales, en la SGAE,.. también (en parte), aunque eso es algo de lo que me gustaría hablar en otro momento

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